ACUEDUCTO DE PONTCYSYLLTE

38 METROS SOBRE LA TIERRA

A varios metros sobre el agua no queda otra que agarrarse a la barandilla.
Curiosa paradoja que según donde mires puedes caer a dos cuerpos de agua distintos.  La belleza de los alrededores te hace olvidar por momentos que el peligro está ahí, que en cualquier momento puedes caer. Hasta que te encuentras con otra persona en el estrecho camino que te permite cruzarlo.
38 metros de caída y un canal que es navegado por barcos no son una cuestión baladí cuando estás absorbido por el verde que te rodea.

Acueducto de Pontcysyllte

Puede ser que el marrón de la piedra o el azul del hierro sean los actores principales del acueducto pero es sin duda el verde del paisaje el que realmente les da contenido.

Porque Pontcysyllte puede que sea una obra de ingeniería sin parangón pero despojado del medio en el que se encuentra no sería más que hierro y piedra. Es eso lo que vienen a contemplar las 200000 personas que cada año lo cruzan: esa guerra entre la humanidad, con la ingeniería como arma, y la naturaleza.

En este caso la batalla duró 10 años. El tiempo que costó a los trabajadores llevar a cabo lo que Thomas Telford y William Jessop habían diseñado. Estos planearon el que es todavía el acueducto más alto y más largo de Gran Bretaña, una de las primeras grandes obras con las que Telford poblaría toda Inglaterra.

Al cruzarlo de lado a lado uno no alcanza a imaginar como hace más de 200 años a alguien se le ocurrió crear algo así. Utilizando cal, agua y sangre de buey el mortero sujeta las 19 pilares sobre los que se expanden los 308 metros de este gigante.

Para hacerlo lo suficientemente ligero no se les ocurrió otra cosa que construir pilares parcialmente huecos y apuntados en la parte de arriba.

Al otro lado el canal sigue manando: una bella casita junto al embarcadero de las excursiones o un puente levadizo que los innumerables barcos que cruzan el canal tienen que sortear.

Puente Levadizo

Todo es tranquilidad a este lado como lo es a lo largo de los 18 kilómetros que forman parte del sitio nombrado Patrimonio de la Humanidad. Es aquí cerca de Poncysyllte donde aún se pueden ver los antiguos hornos a donde vagones tirados por caballos llevaban bloques de piedra caliza para ser convertida en cal. Ya no se ven caballos por los alrededores o tirando de los barcos.

Los botes ya no transportan los tesoros con los que las tierras altas galesas alimentaban la Revolución industrial inglesa. Ahora se utilizan para pasear a los visitantes sobre el acueducto o llevarlos a lo largo del canal.

El esplendor industrial del lugar a dado paso a miles de turistas que se sobrecogen con las vistas desde la barandilla o con la belleza de los alrededores. Contemplando el panorama desde arriba todo parece pequeño: el río serpentea por debajo salpicado de rocas y los árboles parecen pequeños racimos de brócoli 300 metros más abajo. Aquí el río Dee es mucho más estrecho que a su paso por Chester o Llangollen haciédolo parecer otro muy distinto.
Algunos piragüistas remontan el río y dos porterías de fútbol adornan un improvisado campo junto al curso del río.

Piragüistas

Parece mentira que una obra así esté en un lugar tan pequeño. Comentándolo con amigos británicos me decían: “Es una de esas cosas que tienes en la puerta de casa y a la que tal vez no le das suficiente importancia”.

En medio de verdes bosques, no muy cerca de cualquier ciudad grande, es fácil obviar el acueducto de Pontcysyllte. Como muchas veces obviamos las cosas más importantes de la vida porque las damos por sentadas, el acueducto está ahí: tal vez ya no sea tan necesario para el transporte pero cruzarlo sigue siendo una experiencia mágica.

¿Quieres sentir qué se siente? Ve el vídeo que grabé.

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