Cómo he llegado a esto

 

Para mí es importante que conozcas como he llegado  hasta aquí. Y compartir contigo la idea de que, a veces, hay que dar rodeos para llegar donde uno quiere.

 

Mi sueño desde pequeñito era debutar con el Athletic de Bilbao, todavía lo es. Pero a los 14 años me di cuenta que aquello era difícil que sucediera. Bien pensado: imposible. A esa edad ya me fascinaba aprender. Todavía ahora lo quiero saber todo a pesar de que parece imposible. A esa edad ya había visitado distintos lugares con mis aitas. Siempre procuraban que 15 días de verano nos permitieran ver cosas nuevas. Ya fuera con nuestro AX rojo recorriendo Andalucía y el Algarve o con una furgoneta prestada por Pablo, el padre uno de mis amigos en aquélla época, y llena de embutido y latas de conserva visitando lo mejor de Francia con Laura, Garbi y Jokin.

 

Aquellos viajes dejaron un poso en mí y con el paso de los años cada vez los aprecio más. Soy la persona más privilegiada del Universo por tener a dos personas que han hecho todo por mí y me han brindado la posibilidad de ver todas las maravillas del planeta.

Ama y Aita, los culpables de todo esto
Ama y Aita, los culpables de todo esto

 

Durante aquellos viajes también veía a jóvenes que iban con mochilas a la espalda. Y como no podía ser de otra manera mis aitas me animaron a unirme a ellos cuando fuera mayor. A los 18 durante el verano que acabé el colegio, decidí ir de voluntario a un campo de trabajo en Praga. Serían 15 días trabajando y viviendo con otros jóvenes de Europa. Mi aita me animó a ir al Gobierno Vasco, que era el que gestionaba el tema, a pedir los nombre de las otras dos personas que acudirían a Praga desde Bizkaia. Y así dí con mi compañero de viaje para aquel primer Interrail. David era muy distinto a mí y nunca llegamos a congeniar pero los 15 días visitando diferentes lugares de Europa y los 15 en Praga no se me olvidarán nunca.

 

 

A la hora de elegir qué iba a estudiar en la universidad yo lo tenía claro: Historia o Geografía. Pero muchas veces por no querer defraudar o hacer daño a las personas que más quieres y te lo han dado todo, te lo haces a ti mismo. Y acabé en Madrid para estudiar una doble Licenciatura en administración de empresas y derecho. No era lo que quería, pero me permitió poder vivir fuera de casa durante un año y tener algunas experiencias que no se me borrarán jamás. Además me enseño una de las lecciones más importantes de la vida pero que no supe ver en aquel momento: que solo fracasa el que no lo intenta. Tras un año y con mal sabor de boca volví a Bilbao.

 

Por aquella época ya había descubierto “Levando Anclas” y a pesar de mi pasión por el fútbol era mejor oír a Roge Blasco los domingos por la noche. En el programa escuché las aventuras de Jorge Sánchez, Álvaro Neill o Zigor Aldama y soñaba con hacer algo parecido algún día, ser un viajero. Durante el siguiente verano también fui voluntario en un campo de trabajo en Palma de Mallorca. Allí conocí a otra persona que me impactó y que todavía hoy, más de 10 años después, su recuerdo me sigue obligando a reflexionar. José Antonio Olivieri había escalado, viajado…pero sobre todo vivido. Su filosofía y forma de ser le hacían muy especial y muy querido.

 

Muchos más viajes cortos siguieron durante los veranos. Con mi amigo Iván, vimos decenas de lugares de Europa gracias a los viajes para jóvenes que organizaba la Diputación de Bizkaia. Noches de dormir poco, días de disfrutar sin parar y hacer nuevos amigos. Después de ir de chaval también acudí de monitor otros años, ya sabía que los viajes eran lo mío.

 

Pero por miedos e inseguridades tuvo que pasar mucho tiempo hasta que me di era cuenta de que lo que quería era viajar, ver cosas nuevas, estar en lugares diferentes y poder mostrarlos. Empecé a trabajar en el mundo del turismo en museos, hoteles o como guía.  En febrero de 2008 viaje una semana solo por Italia, poco tiempo pero el suficiente para saber que no tendría problemas para viajar y estar lejos, a pesar de que echara de menos mucho a una persona.

Con mis compañeros visitando el Parlamento británico
Con mis compañeros visitando el Parlamento británico

 

Y fue en 2011 cuando sentí que necesitaba irme fuera. En vez del gran salto, un pequeño paso. A estas alturas había acabado la licenciatura que tantas horas de sueño y alegrías me había robado. Tenía un trabajo fijo en una compañía de transportes y me vivía con mi novia independizado. Mi otra gran pasión deportiva, ser árbitro de baloncesto, iba viento en popa: recién ascendido y ganando un buen dinero para complementar mi salario. Posiblemente el sueño de muchos jóvenes de mi edad. Pero no el mío. Así que solicité una beca de la Diputación de Bizkaia para estudiar en la LSE en Londres. Cuando me la concedieron el paso más grande estaba dado. Aquello me daba dos meses para encontrar un trabajo en el Reino Unido. Tras mandar unos 300 curriculos conseguí una entrevista y un puesto de trabajo en Oxford trabajando para HSBC uno de los bancos más grandes del mundo.

Con grandes amigos durante el último día en Oxford
Con grandes amigos durante el último día en Oxford

 

Pero tras unos meses vi que había maneras muy distintas de vivir, que esas falsas seguridades: un trabajo “estable”, una casa con televisión y un coche no eran para mí. Todo eso y muchas lecturas de fuentes distintas me ayudaron a dar el último paso: dejar mi trabajo en un banco multinacional, para elegir ser un viajero internacional.

 

El 1 de Julio de 2013 inicié mi primer viaje largo. Durante casi un año recorrí Europa y Asía hasta que un día de junio de 2014 una llamada mientras estaba en una playa paradisíaca me hizo interrumpir el viaje. En ese momento había que estar en otro sitio, junto a las personas que me habían ayudado siempre. Desde que inicié la vuelta solo tenía un pensamiento: volver a coger la mochila.

Ahora estoy en Inglaterra ahorrando de nuevo para poder iniciar mi segundo viaje. Pronto, muy pronto.

 

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